Hay dos cosas que me han quedado completamente claras después del visionado de la esperadísima Avatar. La primera es que James Cameron ha vuelto, doce años después, a revolucionar el medio tal y como hizo con sus anteriores éxitos. La diferencia entre esta ocasión y la mayoría de las anteriores, es que Avatar no es precisamente un ejemplo de originalidad, sino que solamente destaca por lo impresionantes que son sus efectos especiales. Dicha espectacularidad, no obstante, sólo se disfruta al 100% si vemos la película mediante la tecnología 3D y las gafas. La segunda, es que a poco que pase un poco el tiempo, Avatar se recordará solamente porque fue la película que dio una nueva vuelta de tuerca a la utilización de efectos especiales en el cine.
Recuerdo perfectamente cuando vi por primera vez Terminator 2, quedé completamente impresionado tanto por las innovaciones tecnológicas, como por la historia. Y esa simbiosis perfecta es lo que ha hecho que la película pase a ser un referente de la ciencia ficción. Lamentablemente, creo que no pasará lo mismo con Avatar, pues la historia que nos cuenta Cameron en esta ocasión, es de esas que tanto gustan al gran público y que se repiten continuamente. Enseguida que empezó la película, y dejando siempre muy claro que es completamente espectacular, supe cómo terminaría; supe que no habría nada en el guión que me sorprendiera, y supe que tendría que conformarme con abrir bien los ojos e intentar captar el mayor número de fotogramas posible, pues la peli no es nada más que una sucesión de escenas bellísimas, colores extremadamente vívidos, y escenas de acción muy bien conseguidas. Los paisajes de Pandora son geniales, y la mayoría de las criaturas que aparecen están muy trabajadas y son bastante creíbles, aunque confieso que me costó un poco acostumbrarme a una estética tan diferente y radical.
La historia me recordó poderosamente a Bailando con Lobos por varios motivos, desde el parentesco evidente de los aliens con las tribus indias, a los diferentes estadios que van pasando los personajes durante el transcurso de la trama. El hecho de que recuerde a películas como la que os he comentado, es evidentemente una buena noticia, ya que nos asegura un desarrollo y final a gusto de todo el mundo, aunque signifique una pequeña tara de originalidad.
En todo caso, y dicho lo dicho, evidentemente es una película que tiene que verse, y que recomiendo encarecidamente que vayáis a ver al cine. Además, si el sueldo os lo permite, la película gana enteros en espectacularidad si se visiona en 3D. Confieso que es la primera peli que veo con las gafas, y aunque los primeros minutos me costó un poco acostumbrarme, después disfruté como un enano.



























